La ruta del plástico: de la fábrica a las estanterías, a los océanos… y a la mesa

«El plástico siempre será plástico», dice el experto Mark Mineboo. Y lamentablemente una de sus fortalezas es también su gran debilidad: es prácticamente indestructible.

Si anualmente en el planeta se producen cerca de 360 millones de toneladas de plástico, casi 8 millones terminan flotando en el océano. Flotando en el mejor de los casos, porque otro destino es que sean ingeridas por animales y acaben incluso de vuelta en nuestra mesa del comedor.

«Primero tenemos que entender que uno de los beneficios del plástico es también una de sus grandes amenazas», explica el director regional para América Latina de Plastic Oceans, Mark Mineboo, en la sección Pauta Sustentable, en el programa Plaza Pauta, de Radio PAUTA. «El plástico es casi indestructible. El plástico cuando termina en el medio ambiente o en el océano se fragmenta en pedazos cada vez más pequeños, pero no se biodegrada. No es que se convierta en parte del ecosistema. El plástico siempre será plástico», explica.

Entre los problemas más conocidos que produce el plástico en el océano está, por ejemplo, el hecho de que los animales se enredan o lo ingieren. Pero hay más: los plásticos funcionan como un imán de toxinas. Toxinas del mismo plástico y otras toxinas que están flotando en el océano, como fertilizantes, pesticidas, y otras cosas.

Esto se traduce en dos posibilidades. Cuando los animales se los comen -pensando que es alimento- en realidad no están recibiendo ningún valor nutricional en su cuerpo, pero sienten saciedad, y terminan muriendo por desnutrición.

La segunda opción nos involucra más directamente. «Se liberan esas toxinas en su cuerpo y se meten en la cadena trófica. Un pez chico se come uno grande, después otro, y al final estamos nosotros. Y lo que hacen las toxinas es acumularse en los órganos y músculos, y van traspasándose por la cadena y llegan a nosotros en algunos casos. Al final nos estamos alimentando con nuestro propio plástico», sentencia Mineboo.

Buscando hacer frente al problema de la contaminación de los océanos, desde Plastic Oceans iniciaron un proyecto internacional -pero que nació en Chile- llamado Blue Communities o comunidades azules.

«Trabajamos con organizaciones locales, quienes literalmente están aportando su granito de arena, y los apoyamos con conocimientos o contactos», cuenta Mineboo.

«Damos una plataforma internacional a esas organizaciones donde pueden mostrar su trabajo al resto del mundo y Chile, y conocer a otras organizaciones que están justamente con los mismos desafíos. Muchas de esas organizaciones tienen recursos muy limitados e inventar la rueda para ellos es muy costoso. Entonces nosotros, a través de la red, los ponemos en contacto con otras organizaciones que están haciendo lo mismo o que tienen soluciones a problemas que ellos están enfrentando», detalla.

Sobre los trabajos que realizan estas organizaciones, Mineboo comenta que son variados. Mientras algunos grupos se dedican a limpiar playas, otros trabajan en la conservación de tortugas o en otras formas de gestionar la basura local.

Fuente: pauta.cl

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