Proyecto de Ley para eliminar las centrales a carbón el año 2025 provocará un desajuste en sistema y tendrá que ser alimentado con diésel y gas

La Cámara de diputados aprobó un proyecto que prohibirá el funcionamiento de las centrales termoeléctricas a carbón a partir del 2025. Esto acelera un proceso de descarbonización que en varias ocasiones ya se ha adelantado y profundizado. Aunque el ministro de Energía señaló los problemas que específicamente podría crear esta ley, los parlamentarios decidieron en forma abrupta obviar las objeciones técnicas.

Durante el mes pasado, las centrales a carbón generaron un 38% de la energía total consumida. Esta es una proporción que será difícil de eliminar en el corto plazo sin graves desajustes. Las centrales de energías renovables no convencionales (ERNC) no entregan más energía, no por la existencia de termoeléctricas, sin porque no disponen aún de ella o no pueden evacuarla debido a que las líneas de transmisión están saturadas. De hecho, la reciente línea Cardones-Polpaico, que transporta la energía renovable del Norte, se congestiona a menudo, especialmente en el verano donde hay mayor potencia de energía solar. No se puede esperar mucha más energía de allá mientras no se construya la línea de corriente continua y alta capacidad Kimal-Lo Aguirre.

En el corto plazo, si se aprueba esta ley, la energía carbonífera se deberá reemplazar por diésel o centrales de gas de punta. Estas son unidades más ineficientes, más costosas y contaminantes (en caso del diésel). Ese mayor costo se trasladará a los contratos de los clientes libres y posiblemente también a los contratos de distribución, es decir, a los consumidores.

Por cierto, en el mediano plazo, la mayor rentabilidad de las centrales ERNC debería generar mayores inversiones en esta tecnología, pero solo si existe la capacidad de transmisión.

De esta manera, la precipitación del proyecto de la cámara de diputados es semejante a lo sucedido en Alemania luego del accidente nuclear en Fukushima, Japón. En consecuencia, de este desastre ambiental, los parlamentarios alemanes decidieron suspender tajantemente las centrales nucleares, lo que significó aumentar la producción termoeléctrica usando carbón. Este cambio hizo que aumentaran 2,6 mil millones de toneladas de C02 extras entre 2011-2017. Además, contribuyo a que Alemania tuviera la energía más cara de Europa.

Fuente: El Mercurio

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